A 50 años del inicio del autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional", Argentina sigue mirándose al espejo de su historia para sanar heridas, mantener viva la memoria y reafirmar su compromiso inquebrantable con la democracia.
No es solo una fecha en la agenda; es un palimpsesto donde se superponen ritos paganos, la liberación de un pueblo y el pilar fundamental del cristianismo.