Medio siglo de oscuridad y resiliencia: A 50 años del golpe de Estado de 1976
Se cumple exactamente medio siglo desde aquel fatídico 24 de marzo de 1976, cuando las Fuerzas Armadas argentinas derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, instaurando la dictadura cívico-militar más cruenta de la historia del país. A 50 años del inicio del autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional", Argentina sigue mirándose al espejo de su historia para sanar heridas, mantener viva la memoria y reafirmar su compromiso inquebrantable con la democracia.
El preludio al abismo: Caos, violencia y vacío de poder
El golpe no ocurrió en el vacío. Los años previos a 1976 estuvieron marcados por una profunda inestabilidad política, económica y social. Tras la muerte del presidente Juan Domingo Perón en julio de 1974, su vicepresidenta y esposa, "Isabelita", asumió el poder, pero su gobierno rápidamente se vio desbordado.
La economía sufría los embates del "Rodrigazo" en 1975, una devaluación brutal que disparó la inflación y destruyó el poder adquisitivo. En las calles, la violencia política era la moneda corriente. Por un lado, las organizaciones guerrilleras como Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) llevaban a cabo secuestros y ataques armados. Por otro, el aparato represivo del Estado ya había comenzado a operar en la clandestinidad a través de la Alianza Anticomunista Argentina (la Triple A), un escuadrón de la muerte parapolicial que perseguía y asesinaba a opositores políticos, intelectuales y sindicalistas.
El clima de zozobra era total. Cuando los helicópteros sobrevolaron la Casa Rosada en la madrugada del 24 de marzo para llevar detenida a la presidenta, gran parte de la sociedad, agotada por el caos, observó el quiebre institucional con una mezcla de pasividad y un falso alivio, desconociendo el horror sistemático que estaba por comenzar.
La noche más larga: Terrorismo de Estado y resistencia
La Junta Militar, integrada en su primera etapa por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, no llegó solo para "restaurar el orden". Llegó para implementar un plan sistemático de exterminio y una profunda reestructuración económica y social.
El Estado de derecho fue suprimido, el Congreso disuelto y la censura se apoderó de los medios, el arte y la educación. Sin embargo, lo que definió a esta dictadura fue la metodología del terror: los secuestros nocturnos, los centros clandestinos de detención (como la ESMA, La Perla o El Campito), las torturas y la figura del "desaparecido". La represión no solo apuntó a combatientes armados, sino a delegados sindicales, estudiantes, periodistas, religiosos y cualquier ciudadano considerado "subversivo".
Hechos que conmocionaron al mundo:
- La Noche de los Lápices (Septiembre de 1976): El secuestro y tortura de un grupo de estudiantes secundarios en La Plata que reclamaban por el boleto estudiantil sigue siendo uno de los símbolos más brutales de la represión a la juventud.
- El secuestro de las Madres de Plaza de Mayo (Diciembre de 1977): El mundo se estremeció cuando el régimen, infiltrado por el represor Alfredo Astiz, secuestró a un grupo de familiares que se reunían en la Iglesia de la Santa Cruz, incluyendo a la fundadora de las Madres, Azucena Villaflor, y a dos monjas francesas.
- Los Vuelos de la Muerte: La macabra revelación de que miles de prisioneros, tras ser drogados, eran arrojados vivos al Río de la Plata o al Mar Argentino desde aviones militares.
Mientras el régimen intentaba lavar su imagen internacional organizando el Mundial de Fútbol de 1978, a pocas cuadras del estadio de River Plate los prisioneros eran torturados en la ESMA. Finalmente, el desgaste económico y la desesperada maniobra de la Guerra de Malvinas en 1982 marcaron el colapso definitivo del gobierno militar.
El retorno a la democracia: De los estrados judiciales a la actualidad
La recuperación de la democracia en diciembre de 1983, con la asunción de Raúl Alfonsín, trajo consigo la luz de la justicia. La creación de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) y su histórico informe "Nunca Más" sentaron las bases para el Juicio a las Juntas en 1985. Este fue un hito global: un tribunal civil condenando a los dictadores militares de su propio país por crímenes de lesa humanidad.
El camino posterior no estuvo exento de retrocesos. Las presiones militares derivaron en las leyes de Punto Final y Obediencia Debida en los años 80, y posteriormente en los indultos del presidente Carlos Menem en los 90, lo que consagró años de impunidad. No obstante, la inclaudicable lucha de organismos de Derechos Humanos, como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, mantuvo viva la exigencia de justicia.
En la década de 2000, la anulación de las leyes de impunidad permitió la reapertura de los juicios. Hoy, a 50 años del golpe, Argentina cuenta con cientos de represores condenados en juicios orales y públicos en todo el país.
En este 2026, el desafío de la sociedad argentina pasa por transmitir esta historia a las nuevas generaciones que nacieron en plena democracia. La consigna de "Memoria, Verdad y Justicia" ya no es solo un reclamo de los familiares de las víctimas, sino un pacto democrático fundacional de la sociedad argentina, un recordatorio de que las diferencias políticas jamás deben dirimirse a través de la violencia y el autoritarismo.

